EL DOCENTE UNIVERSITARIO; LÍDER TRANSFORMADOR

El docente universitario actualmente requiere tener el perfil de transformador.
Sus actitudes y habilidades deben ser adecuadas para cuestionar, cambiar y transformar las formas habituales de escolarización.
Debe ser un líder educativo que imagina y construye nuevas posibilidades, dentro y fuera de la institución escolar.
Sus atributos deben promover y proteger valores, la creación y estimular la cultura. Promover una misión y ser ejemplo de aquello que busca transformar.
Como líder, busca el trabajo en grupo a través del estímulo, seguridad y respeto.
El comportamiento del líder, puede verse modificado por la trayectoria de meta, que tiene variables situacionales, como el ambiente y las características personales de los subordinados, en experiencia y habilidades. El líder debe actuar acorde a estos factores.
El líder fomenta el trabajo en grupo para lo que utiliza estrategias estimulantes, dentro de un ambiente de seguridad, con acciones novedosas, y de acuerdo a las necesidades e intereses de los educandos, dentro de su contexto, con visión transformadora, enfocada a la excelencia educativa.
El éxito organizacional es imposible sin excelencia individual.
La excelencia individual, demanda mucho más que una simple competencia técnica.
Requiere una sofisticada destreza social, que capacita al líder para movilizar grupos de personas y lograr objetivos a pesar de los obstáculos.  Puede unir gente en la persecución de un propósito significativo.
Mantiene la organización educativa libre de la mediocridad y de la luchas de poder.
El líder docente, está comprometido a demostrar su pericia y empatía, experimentando ideas y sentimientos, que le permitan superar dificultades en el ámbito educativo.
Así, puede guiar, influenciar y supervisar, pensamientos, sentimientos y acciones de otros para ponerlos al servicio de la comunidad.
El líder, debe ser un profesional preparado, crítico, y poseer habilidades y conocimientos necesarios, para crear espacios de participación y fomento de acción comunitaria.
La función esencial de la universidad, es la preparación, para la integración social, en un aquí y en un ahora.
El hombre actualmente demanda una atención individualizada, por lo que esta función de integración social, debe ser redefinida en la formación académica de calidad.
Vilchez, señala que “La universidad debe integrarse de manera efectiva a todos los procesos surgidos en el ámbito comunitario”.
La universidad, tiene un rol protagónico en la promoción y vinculación del espacio comunitario, y se define como eje conductor, de un trabajo, de cara a la comunidad, que precisa del liderazgo docente, y de enfoques pedagógicos, que generen acciones de participación, en un proceso de comunicación abierta, como centro de quehacer comunitario.
El docente, debe promover la integración universidad-comunidad, inspirado en el fortalecimiento de un sistema democrático, que promueve capacidades y potencialidades de todos sus miembros, para estimular esfuerzos en la producción de metas de integración.
La universidad, necesita abrirse a la vida, y fundamentar su acción en la realidad cotidiana.
La situación del docente universitario, debe vincularse con la acción comunitaria como condición ideal.
Por esto, el docente como líder y promotor de acción comunitaria, debe establecer su gestión educativa en este sentido, para que realice la integración del estudiante a la comunidad que habita.
Este cometido, requiere incorporar el entorno universitario, promoviendo la participación sistemática, de sus actores, en la solución de problemáticas comunes de escuela-comunidad.
La finalidad del liderazgo en la docencia, no es crear fortalezas individuales, sino provocar que se realicen a través del grupo. Mantener un equipo integrado, motivado, sinérgico y ético, que viva y haga vivir valores con orientación a resultados prácticos.
El docente en su lección magisterial, asume roles que lo trascienden.  Desempeña en el contexto universitario, funciones repartidas en el proceso de enseñanza-aprendizaje, planificando tareas, y desempeñando una labor, donde la relación docente-alumno, cobra sentido, ya que se inscribe en un marco educativo visible a la afinidad de intereses. Ajusta los estilos académicos, la confianza mutua y la estrategia para potencializar habilidades y conocimientos extra-académicos.

Junkins, plantea, que “la educación, es claramente, el problema individual más grande de las propiedades nacionales”.
“Todos los problemas sociales como drogas, criminalidad, vivienda etc… están interrelacionados con ella y no tendrán solución sino a partir de ella”.

La educación, permite mirar el mundo que nos rodea, y decidir como se va a ejercer la influencia.
La elección de carrera,  ayuda a conocer qué cuestiones interesan, y a comprender, que alrededor de ellas se va  a organizar una vida.
Esta oportunidad de influir sobre la calidad de vida propia, y de la de otros, va de la mano con la capacidad de contribuir legítimamente en la sociedad en general.

“Las herramientas más importantes que debe dejar una enseñanza es, aprender a aprender, solucionar problemas, y las destrezas de comunicación”.
“No se requiere de una fuerza laboral dócil y sumisa”, dice Wilson B, “necesitamos quien solucione problemas, pensadores claros, quien solucione conflictos y a grandes comunicadores”.

El pensamiento de Graham P, nos dice que el propósito de la educación es, “proporcionar a los jóvenes, la capacidad de ser más de lo que pensaron que podrían ser”.
“Es por medio de la educación, que se tiene el potencial para ampliar las posibilidades de la gente”.
“La meta del educador, es preparar al alumno para destinos poco comunes”.

El desafío, es la nueva forma de hacer universidad. Más que un espacio físico, debe ser una organización de aprendizaje con gestión, que sitúe a directivos, docentes y alumnos como protagonistas del quehacer pedagógico comunitario, en una dinámica innovadora y transformadora.

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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