Cultura “ light”, libre de grasas. Crónica de miles de muertes anunciadas.

(1era parte)
¿…de modo que hay grasas buenas, malas y feas ?
A lo largo de la historia la humanidad se ha visto diezmada por enemigos ocultos en la naturaleza; epidemias y pestes, sin embargo hoy en día los peligros acechan desde la misma industrialización producto de la mente humana. En particular la industria de la alimentación es responsable con los medios masivos de comunicación de la pandemia que sufren lo mismo países industrializados como en vías de desarrollo. A la par de los efectos nocivos del consumo de combustibles fósiles que deterioran el planeta en su conjunto, los seres humanos consumimos en nuestra alimentación combustibles que internamente están degradando nuestra calidad de vida, mermando la salud y generando un gasto social en salud sin precedente. EL completo desbalance de nutrientes y su ignorante consumo han producido el mayor índice de enfermedades derivadas del sobre peso y la obesidad. En un siglo ha habido un aumento del 294% en las muertes producidas por enfermedades cardiovasculares, siendo esta la primera causa de mortalidad en el mundo occidental. Todo esto a pesar de las tan difundidas propagandas de la cultura “ light”, productos bajos en grasas pero altos en carbohidratos refinados, ambos mal entendidos combustibles de nuestro cuerpo.
Es importante reconocer que si bien hay grasas que dañan nuestra salud también hay grasas sin las cuales no podríamos sobrevivir. Luego entonces, ¿cómo reconocer entre ambas y definir un consumo inteligente ..? de manera simplificada existen dos tipos de grasas para consumo humano: saturadas e insaturadas, sólidas y líquidas a temperaturas ambiente, respectivamente. Las primeras de origen animal y vegetal las segundas, con algunas excepciones. Las de origen vegetal a primera vista pudieran ser las convenientes, sin embargo hay verdades ocultas. Estas grasas en su extracción deben pasar por un proceso industrial que las transforma en verdaderos agentes enemigos de nuestra salud. Durante el proceso han de ser disueltos en solventes y calentados a muy altas temperaturas arriba de los 150 y 220 grados, que modifican la posición original de algunos de sus átomos de hidrógeno ( grasas trans ) , volviéndolos mutagénicos es decir amenazando nuestros genes con cambios irreversibles y liberando radicales libres con efectos cancerígenos comprobados. ¿Dónde los encontramos? En productos de panadería, aceites de cocina, dulces, pasteles, papas fritas y margarinas.
Grasas buenas e indispensables. Denominadas ácidos grasos esenciales. Estos están a la cabeza en la lista de deficiencia nutricional. 95% de la población no consume ni la dosis diaria mínima, seguida del cromo, magnesio y calcio ( Hanes y NFCS ). Estos ácidos grasos son fundamentales para el correcto funcionamiento del cerebro, del corazón del sistema inmunológico, materia prima de hormonas, grasas cerebrales y prostaglandinas. Nos protegen de las grasas duras, bajan el colesterol, desengoman arterias, lubrican articulaciones, limpian el hígado y facilitan el equilibrio hormonal.
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Enig. M.G. et.al. Isomeric trans fatty acids in the US diet. Journal of American Nutrition 9:471-86,1990.
Eramus Udo. Fats and Oils. Alive Books, 1993.

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